Cuando
sientes que mueres del dolor pero no existe en el universo cosa alguna que
puedas hacer para contrarrestarlo, no te queda de otra que aprender a vivir con
él. Es altamente contraproducente vivir con ese dolor. Es más difícil de lo normal ser una persona productiva
cuando no puedes respirar, y ni siquiera te digo cuan más difícil puede ser criar un hijo de manera
saludable con el dolor en tu pecho que llega hasta el estómago. Ese dolor no es
aliviado por medicamentos porque es un dolor del corazón. Obviamente no hablo
de la bomba de sangre en nuestro cuerpo. Me refiero a los sentimientos. El
vacío en tu pecho y estómago son tan fuertes que no puedes ni pensar
claramente. De nada sirve gritar, no puedes llorar. Estás completamente
bloqueada.
Lo más cabrón de todo es que el
causante de ese dolor no tiene la menor idea que te estás muriendo.
Probablemente él está por ahí chichando mientras tu cuerpo se quema por dentro.
Eres chicharrón mientras él disfruta de su vida. Entonces te preguntas: Por qué
me duele tanto? Vale la pena morir así? Si no le importo, por qué me importa
tanto? Volveré a amar? Por qué soy tan estúpida? Dejaré algún día de ser tan
ridícula? Las preguntas son interminables. No ves cosa alguna que tenga el
potencial de reducir el dolor. Entonces comienzas a desesperarte.
Necesitas salir de esto.
Necesitas vivir tu vida. El mundo no se detiene, por más que intentemos
detenerlo. Cada segundo que pases llorando es un segundo de vida que puedes
usar para crecer. Puedes usarlo para realizar tus metas. Puedes usarlo para
hacer a tu hija reír con esa sonrisa hermosa que tiene. Entonces tratas de
ignorar el hoyo en tu cuerpo. Comienzas ocupando tu mente con lo que sea. Usualmente
trabajo, tu hija, o tus amigos. Hay días que el dolor no se presenta. Pero hay
días, como este, que es insoportable. No puedes evitar recordar los pocos pero
intensos momentos inolvidables que viviste con él. Entonces te sientes estúpida
por recordarlo y por haberte fijado en él en primer lugar.
Una persona que no tiene qué
ofrecer en el momento. Debiste saber desde el principio que no existían posibilidades
de una relación entre ustedes. La diferencia de edad, de intereses, es
demasiado marcada. Aunque él quisiera, cosa que nunca hizo, no iba a ser
posible. Pero tu cerebro, entrenado a mirar el vaso medio lleno, te dice que
los milagros existen. La esperanza NUNCA muere. Entonces te sientes ridícula y
no se lo quieres mencionar a nadie. Pero se lo gritas a los cuatro vientos. O
sea, que tu mente está tan afectada que te contradices en el mismo suspiro.
Sigues pensando aunque cada día
un poco menos. Nunca lo olvidarás pero tienes fe de que algún día puedas reír de todo esto. Esperas tener la
habilidad de verlo con otra mujer y sonreír. Hasta que eso no suceda no es posible entablar una relación
con otra persona.
Me tomé unas pastillas para
dormir y me hicieron efecto. Me voy antes que comience a escribir disparates. Good
Night.
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