Cuando tienes una familia que siempre está pendiente a ti, que no
importa las diferencias de opiniones o que hayan tenido una discusión grandísima como quiera
aparecen cuando los necesitas, sabes que eres una persona afortunada. Sí, como
en todas las familias, en la mía hay gritos e insultos. Pero no importa
lo que pase estoy completamente segura de que si es una emergencia,
puedo contar con ellos. Puede que no todos estén disponible en el momento de
necesidad pero eso es lo bello de una familia numerosa. Cuando no es uno, es el
otro.
Eso aplica para las cosas buenas
como para las no tanto. Cuando no hay uno para socorrerte en tu
necesidad, está el otro. Pero cuando no hay uno para joderte la
existencia, siempre hay otro. Mi padre es vivo ejemplo de eso. Tuvo seis
hijos, y siempre hay uno jodío o jodiendo. Pero nos quiere aunque
le hagamos la vida imposible. Mis familiares son hermosos.
Crecí pensando que es normal que las
familias se amen sobre todo. Pensaba que la sangre pesaba más que el agua, pero
ahora de adulta, caigo en cuenta que no todas las familias son así. Algunas
familias se tratan como si fuesen enemigos de verdad. Ver eso me hace entender
que vengo de un círculo familiar afortunado.
Sí, como en toda familia están los
primos que se enchisman. Sí, están siempre presentes los bochinches. Pero me
encuentro totalmente segura que, por ejemplo, mi prima y mi hermano, que
no se hablan yo ya no se ni por qué, se aman en el
fondo y en caso de necesidad estarían uno para el otro. Sí, hay
veces que me encojono con uno de mis hermanos aunque no se lo diga, o con uno
de mis primos o tíos o abuela o algo, pero siempre sé que pase lo que pase,
están ellos ahí para mí y, obvio, estoy yo aquí.
Los amo a todos. Mi familia es
hermosa. Estamos todos un poquito locos y nuestras decisiones no hacen
sentido la mayoría de las veces pero creo que genuinamente tenemos
buenos sentimientos en el interior. Unos más internos que otros, pero están
ahí.
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