Miro a mi
hija y a mi sobrina jugar en su inocencia y me da tristeza saber el dolor y las
frustraciones que les esperan según vayan creciendo. Ya entiendo cuando yo
peleaba con mi madre porque ella no me dejaba hacer lo que me daba la gana y
ella me respondía que no quería que yo cometiera los mismos errores que ella
cometió. Supongo que es el instinto de una madre proteger a un hijo de
cualquier eventualidad que les pueda hacer daño así sea una rodilla guayada.
Me duele mirarla y saber que hay
mil cosas de las que no la voy a poder proteger. Que mientras crezca los
estereotipos le van a crear complejos y prejuicios. Es triste saber a todo lo
que un hijo estará expuesto. Y más preocupante aún saber que va a sufrir con
las múltiples decepciones amorosas a través de su vida. Lo único que yo podré
hacer en la mayoría de las situaciones va a ser ofrecerle mi hombro y mis
brazos y tal vez hasta llorar junto a ella.
Esto de ser padres es algo bien
confuso. Un hijo tiene tantas ocurrencias y tantas cosas extrañas. No sé, no
tengo la menor idea de cómo mi madre pudo lidiar conmigo porque yo mirando a mi
hija, ella es extremadamente buena comparada conmigo que era una malcriada de
siete pares. Mi hija es muy obediente. Yo tuve que darle migrañas a mi madre pero
por montones.
Sólo puedo decir que a mi hija
le deseo el mayor éxito viviendo su vida y a todos estos niños creciendo en
esta generación loca. A los padres, que como yo se encuentran preocupados y a
veces desesperados por el futuro tan incierto que les espera a nuestros hijos,
les puedo decir que tratemos de mantener la calma y que si identifican una
manera de protegerlos de algo en específico o de lidiar con alguna situación me
dejen saber. Yo haré lo mismo si es que me lo solicitan.
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