martes, 3 de enero de 2012

Amor


                Anoche soñé contigo. Fue un sueño bittersweet porque pasó algo bien horrible pero te tuve entre mis brazos. Te pude abrazar y consolarte en tu dolor. Es estúpido la manera que te quiero. Es ridículo la manera que te extraño. Me encojono conmigo misma por este sentimiento irracional que no puedo controlar. Deseo verte, pero no quiero porque sé que cuando sucede me duele la vida. Tu rechazo me envenena. Pero es un veneno que mata poco a poco. Es de la peor clase.
            Eres un ser duro de sentimientos. Conozco ese tipo de persona. Fui en algún momento así. Pero llegó el momento de sentir y fue una explosion tan intense en mi corazón, que aún no me recupero. Recuerdo esos días que no sentía un carajo por nadie. Ni siquiera mi familia me inmutaba. No me interesaba el bien ni el mal de nadie. No me preocupaba por absolutamente nada. Simplemente vivía lo que pasaba. Me dejaba llevar por los sucesos de mi vida. Pero eso no era una vida. Por eso decidí abrirme.
            Abrir mi corazón al resto de la humanidad es una de las mejores decisiones que he tomado. He llorado en un año más de lo que había llorado en 23. Y eso es decir mucho porque era bien llorona de chiquita. Pero aparte del dolor y las lágrimas, he reído y disfrutado muchísimo. He conocido gente hermosa. La mayoría de la gente cabrona se ha ido de mi lado. Me he podido rodear de gente con buenos sentimientos y un sentido de la realidad similar al mío (no sé si eso es un atributo o un defecto).
            Aprender a amar al prójimo se ha vuelto una característica clave de mi persona. Siempre está el deseo de ayudar, y la satisfacción de ver el fruto de esa ayuda. Mi núcleo familiar se encuentra más unido, a pesar que putas de por ahí se hayan encargado de tratar que no fuese así. Parte de ese gran éxito se debe a mi nueva capacidad de amar. Estoy creciendo como persona, y todo comenzó con abrirle mi corazón al universo.
            Es por eso que no me arrepiento de quererte como te quiero, aunque muchas veces me encojone y otras llore como una Magdalena. Siempre serás mi primer amor, aunque haya sido uno no correspondido. Lo único que le pido a dios, o al universo, o a la fuerza supernatural que domina todo, es que tengas presente lo que valgo y nunca olvides que en ninguna parte de este mundo encontrarás a alguien que te quiera tanto como yo, excepto tu madre quizás. 

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