domingo, 16 de septiembre de 2012

Castigo

Estaba oscuro. La poca luz que había daba sólo para saber que no estaba sola. Había alguien más ahí. Poco a poco mis ojos se fueron adaptando a la oscuridad. Había una mujer. Esbelta, con el pelo largo. Estaba llorando. Sus lágrimas copiosas no tapaban la hermosura de sus ojos grandes, redondos y marrones. Su corto traje era negro. Al menos eso creo, con esta oscuridad casi todo se veía negro. Se veía bien alta pero tan frágil, tan delicada. Quise decirle unas palabras de aliento. Pero qué decirle a una extraña?

En eso se abre la puerta de un carro que estaba estacionado más abajo. Un hombre sale de él. "Aléjate de mí. No te acerques." -dice la muchacha. "Oye no te pongas así. Yo lo que quería era pasar un rato chévere." -le dijo él. Yo me quedé en silencio. Sin saber qué hacer. Ninguno de los dos se había percatado de mi presencia. Entonces él fue caminando hacia ella. Tenía una peste a alcohol tan asqueante que me daba a mí que estaba a varios metros de distancia. Mientras él se acercaba a ella, ella se alejaba de él. Tanto estuvieron hasta que comenzaron a correr. Yo corría detrás de ellos.

Trataba de gritarle a él, decirle que se alejara de ella. Pero las palabras no me salían. Sólo corría. Ella logró tomar ventaja. Dobló una esquina. La perdí de vista. Él dobló la misma esquina. Aceleré el paso para no perder el rastro. Al doblar la esquina casi casi choco con él. Se había detenido porque la calle era sin salida pero ella no se veía por ningún lado. "No me huyas. Yo sé que tú quieres. Lo que tú necesitas lo tengo aquí mami. -decía el tipo. El olor que salía de su cuerpo era repugnante. El tipo seguía diciendo cosas asqueantes cuando, de momento, se oye un chorro de cosas cayéndose. Él se dirige hacia el área del ruido. Levanta la tapa del contenedor de basura y se encuentra con la muchacha. Ella lo mira a los ojos. Su cara, toda manchada por el maquillaje que traza el camino recorrido por sus lágrimas. Está temblando. Yo me acerco. Él brinca adentro del contenedor y le da un golpe en la cara. Le grito. Brinco al contenedor de basura. Ninguno parece notar mi presencia.

Observo la mirada de la muchacha, llena de dolor y odio. Observo la mirada del tipo, llena de anticipación y de un deseo enfermizo. "Ninguna mujer me rechaza. Soy irresistible. No vas a ser la primera." -dice él. Noto su erección mientras le habla. Ella comienza a salir del zafacón pero él la agarra por el pelo. Se oye un grito que pronto es sofocado por él. Trato de hablar, mi voz no sale. El tipo comienza a soltarse la hebilla de la correa. Comienzo a acercarme. Quiero brincarle encima. Quiero ayudarla. Pero no puedo. Algo me lo impide. Ella comienza a gritar. Veo la cara de exitación del tipo. Oigo su risa a la vez que oigo los gritos y el llanto de ella. Ella trata de zafarse, pero él es más fuerte. Veo cómo razga su vestido, su ropa interior. Veo cómo ella lucha inútilmente. No me muevo de ahí. No puedo ayudar y no puedo correr. Veo cómo ella, en su lucha por salir del tipo, lo muerde. Veo cómo él se molesta. Veo sus ojos rabiosos. Le grita PUTA, y la agarra por el cuello, mientras la penetra.Lentamente al principio, cada vez un poco más rápido, más fuerte. Ella sigue luchando inútilmente. Yo, inmóvil, trato de gritar, de ayudarla, pero mis extremidades pesan demasiado. Estoy como atada o algo así. Él se exita cada vez más con la lucha inútil de la muchacha. Cuando se siente satisfecho, ya su descarga dentro del cuerpo de ella, se percata que está inmóvil. Se da cuenta que no se mueve. Le da una cachetada. La jamaquea. Está muerta. Se sale de ahí. Deja el cuerpo y se va en la misma dirección que vino. Yo me quedo ahí. Mirando. La muchacha, con sus ojos aún abiertos me resulta familiar. Miro bien su cara, mientras me pregunto quién es. La miro fijamente. Luego cierro los ojos. Y veo su rostro en mi mente.

 Abro mis ojos. Comienzo a levantarme. Veo un carro acercarse. Apaga las luces al doblar la esquina. Veo al tipo salir. Temo que me vea. Siento miedo. Pero me ignora por completo. Veo como saca el cuerpo ahora inmóvil de la muchacha y lo carga al baúl del carro. La tira sin mucha ceremonia. Se monta en el carro, prende un cigarrillo y emprende su marcha. Me siento horrible. Mi inhabilidad de ayudarla me calcome. Mientras pienso eso comienzo a salirme del contenedor. Siento una punzada tremenda en mi brazo. Veo sangre brotando de mí. Miro a ver qué me causó la herida y veo fragmentos de un espejo. Agarro un pedazo y veo el reflejo. Me quedo atónita. Los ojos grandes, redondos y marrones que me miran me resultan alarmantemente familiares. El rostro que me mira a través del espejo es el de la muchacha muerta. Miro mi cuerpo. Mi traje negro roto. Sangre en mi entrepierna. No lo puedo creer. Quiero gritar, pero no puedo.

Estaba oscuro. La poca luz que había daba sólo para saber que no estaba sola...

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