Sola. Estaba sola. Desolada. Rodeada de personas tan diferentes que se sentía única en el mundo. Constantemente se preguntaba si había nacido en el lugar correcto, en el tiempo correcto. Vivía como zombie. Toda la comida sabía igual. Todas las personas eran lo mismo. Su mente se pasaba jugándole trucos. Todos sus pensamientos parecían incorrectos. Intentaba integrarse a su sociedad. Pero simplemente no encajaba. Tenía ideas extrañas, no aceptadas por los demás. Sentía que su vida era un meollo y que no podía salir de él. Se casó. Hizo una familia. Se sentía incompleta comoquiera. Trabajaba. Estudiaba. Salía. Compartía con su familia. Pero era infeliz. Guardaba sus pensamientos en el fondo del baúl en su cerebro. No podía compartir sus anhelos con otras personas. Eran demasiado escandalosos para la cultura tradicional del ambiente en el que se crió. Rebelde, le llamaban cuando no podía más y hacía un comentario inusual.
Después de un tiempo rompió su matrimonio. No podía con la farsa. Su familia era una bonita. Las personas a su alrededor no entendían por qué de la nada destruyó algo tan bonito. Ella no podía explicar. No entendía bien ella misma. Era agobiante. Todos demandaban una respuesta al porqué de sus actos. Ella no sabía bien ni quién era. Problemas de identidad, supongo.
Ahora, madre soltera trabajaba para su retoño. Sobrevivía. Buscaba acción; algo que la hiciera sentir viva. Cometer locuras era parte de su diario vivir. Andaba sin rumbo. Tratando de darle una vida emocionalmente saludable a su criatura, aunque no tenía la menor idea de lo que eso significaba. Continuaba con su vida. Siempre segura de que sus actos estaban incorrectos. Sus deseos nunca iban a la par con los que una dama de su edad, crianza, cultura o lo que sea. Nunca a la par con su educación. Siempre con la certeza de que todo estaba incorrecto. Eso le calaba hondo. Cuán dañada puede estar su mente que no podía integrarse al mundo que la rodeaba? Todas sus inseguridades siempre a flor de piel. Fueron años de crisis.
Explotó (otra vez). Mandó todo a las ventas del carajo. Abandonó su trabajo. Su novio, un muchacho decente, bueno, caballeroso, aburrido, celoso, y no sé que otras cosas más, voló en cantos. Cayó en depresión. Quería terminar con todo. Pero no era tan fácil. Era responsable de una vida aparte de la de ella. No podía abandonar el mundo. Tenía que seguir. Aunque andara sin rumbo. Integrarse de nuevo a la sociedad. Pero esta vez sería distinto. Esta vez la sociedad iba a tener que aceptar quien era. No iba a adaptarse. Que los demás se adapten. Y así encontró un caminito. Empezó a expresarse. Dejó de interesarse en la opinión ajena. Se concentró en dejarle saber a los suyos que era "her way or the highway". A veces se perdía, pero cada vez que se encontraba, su identidad era más fuerte. Adaptó su estilo de vida a su personalidad. Adaptó su personalidad a sus sentimientos. Comenzó a salir del hoyo lentamente. Fue un proceso de años, arduo y sacrificado. Pero cuando llegó emocionalmente al nivel óptimo, se dio cuenta que hay todo un mundo de posibilidades. Hay mil proyectos nuevos que comenzar. Y se dio cuenta que no hay que sobrevivir. Puede vivir y disfrutar como mujer plena. Realmente felíz y completa. Y fue en ese momento que comenzó su vida.
lunes, 26 de enero de 2015
Creciendo
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